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Día 5 – Atuntaqui – Quito.

jueves, 13 de agosto de 2009

Hoy se preveía el día no tan intenso como nosotros nos imaginábamos, pero no os alarméis, que no pasó nada malo, sino al contrario, salió el día perfecto.


Quedamos a eso de las 9:00 para tomar un desayuno americano
como el de ayer. Una vez desayunamos y recogimos nuestros respectivos cuartos, nos dirigimos a la carretera para coger un bus que nos llevase a Quito. La gerente de la Hostería, nos acompañó muy amablemente para elegir un buen bus, ya que hay muchas compañías distintas que hacen el mismo trayecto, pero no todas son iguales de seguras, no sólo por los ocupantes de la misma, sino por la pericia del conductor.




Cogimos un bus de la compañía “Andina”. Al montar en el bus, nos tocó dividirnos, ya que había 2 asientos libres al lado del conductor y el otro estaba al final del bus, el asiento de la última que queda en el centro del pasillo y quién creeis que se sentó ahí?? Pues un servidor, pero lo decidí yo, prefería que se sentaran las 2 Marías juntas en un lugar más... cómodo por llamarlo de alguna manera.



Nos pusimos en marcha dirección a Quito. Pero al poco tiempo de empezar a andar, me empezaron a llamar para que me fuese con ellas y yo decía; “Pero si no hay sitio y ellas me decían que sí, enseñándome una manta”. Accedí a irme con ellas y como os imagináis, mi asiento era una manta que puse en el suelo, entre los pies de María Medigutía y la tapicería del bus.




La verdad es que el viaje fue muy ameno, no sólo por la compañía, sino por las conversaciones que manteniamos entre los 3 y entre los 5 (Maria Jesús, María Mendigutía, el conductor, el llamador y tirador del bus y un servidor). El paisaje era bastante bonito, aunque cambiaba por momentos de árido a muy árido y de frondosos paisajes a no tan frondosos paisajes. Había paisajes para hacer muchas fotos y el conductor aminoraba la velocidad del bus para que pudiese hacer bien la foto, pero cuando hacía la foto, me decía: “Son 5 dólares”, jejeje!! pues iba listo si pensaba que le iba a dejar propina.


Durante el trayecto se subieron muchos vendedores ambulantes para vender en el bus todo lo que puedan, pero casi todo son helados, frutos secos, bebidas, etc. Estos vendedores suben y bajan cuando quieren sin pagar el ticket, pero a cambio, cada vendedor que sube, le ofrece al conductor y al llamador y tirador una unidad del producto que venden, así, durante el viaje, estos 2 comieron: habitas fritas, batidos y helados.

Llegados a Quito, cogimos el primer taxi que encontramos y nos dirigimos al Hotel Quito dónde me alojaba yo. Por la mañana, antes de salir de Atuntaqui, hice una reserva para las Marías en el Hotel Sebastian, ya que el Hotel Quito estaba lleno. Pero antes de dirigirnos al Hotel Sebastian, pregunté por el Hotel Strubest que está situado al lado del Quito, y en efecto, había plazas y decidieron alojarse ahí durante esta noche, ya que mañana tenían que salir con dirección a Atuntaqui.

Después de alojarnos, las llevé a un restaurante con muy buena pinta que está muy cerca del Quito. Llevaba con ganas de entrar durante toda la semana, pero decidí esperar para ir con las Marías. El restaurante es muy acogedor y tiene una decoración muy parecida a mi añorado Pasadena de Cáceres. Nos pedimos unos jugos de mora y un plato de empanadillas variadas para compartir y luego un plato fuerte cada uno. María Mendigutía se pidió doble pechuga de pollo con arroz y ensalada, María Jesús se pidió filete de res con ensalada y arroz y un servidor se pidió 400gr de carne de res con un platito de ensalada, ya que ésta no cabía en el plato, jeje!!

Cuando acabamos de comer, nos dirigimos hacia el Teleférico de Quito, que sube a una altura total de unos 4100 mts aproximadamente. La verdad es que las chicas fueron unas valientes, sobre todo María Mendigutía, ya que tiene pánico a las alturas o más comúnmente conocido como vértigo. Pero he decir a su círculo de amistades y familiares que sií que por mentira que parezca subió en teleférico, doy fe.

Las vistas que se contemplan desde esa montaña son impresionantes, pero más impresionante es ver desde tan cerca algo más de la mitad del volcán Pichincha, ya que casi siempre su cráter está cubierto de nubes por lo que es imposible verlo.

En esta misma montaña había un pequeño sendero de unos 15 minutos para subir a un pico un poco más alto, a unos 4250 – 4300 mts (según los Quiteños). Subí solo ya que las chicas decidieron quedarse en la cafetería tomando un capuccino. Inicié el ascenso haciendo fotos, fotos y más fotos, pedí a algún senderista, que me hiciera alguna foto, ya que quería dejar constancia del ascenso. Cuando estuve arriba del todo, aprecié que continuando la vereda y bajando un poquito, había unas chozas dónde ofrecían rutas a caballo por el Pichincha. Me quedé con muchas ganas de hacerlo, pero era un poco tarde y no había avisado a las Marías. Lo dejaré para otra ocasión en éste u otro viaje.

Descendí y me reuní con ellas en la cafetería, me tomé un capuccino y nos pusimos a la cola para bajar el teleférico. Las colas, tanto para subida como para la bajada, eran impresionantes, pero sacamos un ticket para ir por la vía express, es decir, sin hacer cola. La verdad es que no nos sentíamos muy agusto, porque esta via estaba totalmente vacía y al pasar nosotros por ella, la gente se nos quedaba mirando. Omitir la cola a la subida me dio algo de palo, pero a la bajada... NO!! ya que estabamos algo cansados y el haber tenido que hacer la cola nos habría matado.

Al llegar abajo, cogimos un taxi para que nos dirigiese lo más al centro de la ciudad, ya que debido al bicentenario, las calles del casco histórico estaban cerradas. Al salir del taxi nos dirigimos hacía la Plaza Grande, pero al llegar al palacio presidencial, obsevamos que había muchos policías, guardaespaldas y gente esperando a algo o alguien. Así que decidimos preguntar a un policia que quién iba a salir, y cuál fue nuestra sorpresa?? ES EL PRINCIPE DE ASTURIAS!! Así que decidimos esperar para verle salir. Como es de costumbre y normal, se hizo algo de rogar y después de casi 1 hora salió y en menos de 1 minuto se metió en el coche y... empezó la guerra. Cientos y cientos de personas empujando para llegar hasta la Plaza Grande. Todo el mundo empujaba para ir al frente o a la derecha y nosotros queríamos ir a la izquierda, pero hasta que no pasó esta avalancha nos fue totalmente imposible, verdad Marías??

Luego decidimos dar un paseo por el casco histórico para ver Quito de noche y escuchar algo de los conciertos que se ofrecían en los más de 10 escenarios que estaban repartidos por todo el centro. Después de esto, nos decidimos ir al hotel, darnos una ducha y marcharnos a la Mariscal para cenar y tomar algo. Al llegar a la Plaza Foch, nos metimos en un restaurante que tenía muy buena pincha, nos pedimos unos jugos de papaya y mora y 3 hamburguesas ya que los sanduches se habían acabado. Al terminar de cenar, nos vimos sin fuerzas y decidimos irnos a nuestros respectivos hoteles para descansar.

Mañana más.
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Día 3 - Quito - Atuntaqui

viernes, 7 de agosto de 2009
El viernes fue un día normal de trabajo en el CODENPE. Con la pequeña diferencia de que hoy
comimos por $ 1.5. Como es costumbre, salí a comer con Marvín y Fabian al “restaurante” dónde ellos suelen ir a comer a diario. La comida es normalita, sirven rápido y por lo general la comida está buena. El menú de hoy era sopa de pescado y chuleta con arroz y menestra (aquí la menestra son lentejas) acompañado de un jugo de mora espectacular, aunque conviene no saber de dónde lo echan... ejem ejem.

De vuelta al trabajo me decidí a comprar una maleta pequeña para llevarla a los viajes nacionales y dejar la maleta grande en la consigna del Hotel Quito. Busqué, comparé y finalmente compré, aunque no muy bien. Aquí por lo general, a los turistas nos ponen unos precios algo altos, aunque siempre hay que regatear para comprar. No os dé grima regatear, ya que ellos elevan el precio del producto entre un 30% y un 60% del valor real del producto.

Concluida la jornada laboral, me fui rápido al hotel para poder salir en la tarde con dirección a
Atuntaqui en un bus. Llegado al terminal del norte Carcelem, me puse al final de una inmensa cola para sacar los billetes. El motivo de tal cola de espera, es que durante este fin de semana será la Feria Textil en Atuntaqui y la Feria de la Artesanía y del Poncho en Otavalo.Después de una espera de unos 30 minutos saqué el billete con dirección a Ibarra por $ 2.5. Busco el bus con el número de mi billete y … no podía parecerse más a una “guagua tuneada”. La situación era la siguiente; yo metido en una guagua tuneada con mi mochila inseparable y mi maleta recién comprada, gente de todos los tipos y cada uno con una actitud distinta, reggaeton mortal durante todo el viaje, luces totalmente apagadas dentro de la guagua, cortinillas en las ventanas que más se parecen a las cortinillas de un salón de los años 70-80, asimilando la velocidad que llevaba la guagua en las pendientes tanto en descenso como en ascenso, aguantando los bocinazos de los coches y camiones que vienen de frente cuando nuestro “preciado” conductor, por no sé que motivo, decidía adelantar en una cuesta arriba a un camión viniendo coches de frente y además con linea continua y doble, vamos, de película, y encima soportando la conversación de 2 afroecuatorianas que estaban sentadas detrás de mi sobre lo que iban a hacer con sus correspondientes parejas cuando llegasen a Ibarra, aunque una de ellas decía que lo que tenía claro es que no le iba a preparar la cena, jur jur jur!! y yo sin tener ni idea de dónde me tenía que bajar, aunque más que bajarte, te empujan directamente con la guaga en marcha para no perder tiempo.

Una vez averiguado el sitio dónde me tenía que bajar, me empujaron y me encontré en medio de una carretera, a las 9 de la noche. Gracias a que había un taxi allí para que me llevase a la Hostería Natabuela unos 10 km de Atuntaqui. He de decir que me había quedado sin batería en el móvil para cualquier problema. Así que entré en la Hostería, pregunte por las Marías o por las habitaciones 17 y 19. Al decirme que no están, le pedí que me dejase hacer una llamada a un celular, pero según el recepcionista, tienen cortadas las llamadas a celulares, por lo que le pedí que llamase a un taxi para llevarme a Atuntaqui. Mientras esperaba al taxi, se me encendió la bombilla y dije: “Coño, voy a cargar el móvil y les llamo antes de salir de la Hostería”. Y así fue, puse el móvil a cargar, llamo a María Mendigutía, pero tenía el móvil apagado, menos mal, que seguidamente me llega un sms de María Jesús diciéndome que están en un comedor de la propia Hostería en la celebración de un proyecto ambiental del propio Atuntaqui. Llegué al salón, y estaban todos liados con el postre ya. Me senté en la mesa de mis compañeras, me presentaron al resto de la mesa y... que fue lo primero?? brindar con whisky con un poquito de agua. En ese momento me día cuenta de que ellos bebían whisky para acompañar la cena. Imaginaros el tema, cenando con whisky, sin comentarios.

Cuando acabó la cena, apareció otra botella de whisky en nuestra mesa, y como la velada estaba amenizada con una buena orquesta, aunque con el volumen algo alto, no podíamos dejar pasar la oportunidad de bailar estos ritmos ecuatorianos. Yo no soy nadie bailando, pero cuando vi a un Belga bailando salsa, me sentí como John Travolta en la película “Grease”.
Acto seguido nos fuimos a dormir y a descansar ya que mañana será también movidito.

Y así transcurrió mi día.

Mañana os contaré sobre la Feria de la Artesanía y la Feria del Poncho en Otavalo y la Feria Textil en Atuntaqui.

Hasta pronto.
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